¿Por qué Gómez Noya no es mediático?

Por Alberto Trillo | Foto: javiergomeznoya.com


Tres días después de proclamarse campeón del mundo por quinta vez, José Ramón de la Morena entrevistó en El Larguero (futbolero) a Gómez Noya. Con su actitud campechana y al mismo tiempo simplona con la que, quiero entender, busca empatizar con su oyente medio imaginario, de la Morena comenzó la entrevista pidiéndole perdón a Gómez Noya en nombre de la profesión periodística por no haber ensalzado su gesta como lo merecía. Más exactamente porque, le dijo, “has pasado de puntillas como si no hubieras hecho nada”, como si Gómez Noya fuese el responsable de elegir el foco mediático. El pentacampeón del mundo dejó claro que su felicidad no depende de la cobertura mediática y puntualizó la responsabilidad: “Eso está en vuestra mano”.

No hacía falta que Gómez Noya ganase su quinto título mundial para que todos los aficionados al triatlón y al deporte en general sufriesen una nueva decepción con los medios de información (supuestamente) deportivos. Gómez Noya nunca será portada, al menos en un medio estatal. A Gómez Noya no le patrocina Endesa, como a la selección de baloncesto. Tampoco el rey se molesta en acudir a una competición en la que dos españoles se proclaman campeón y subcampeón del mundo con elegancia, clase y deportividad, en una disciplina que representa unos valores magníficos para la sociedad. El rey prefiere acudir al baloncesto para hacerse la foto con Gasol por motivos que difieren mucho del valor deportivo de la victoria conseguida por la selección de baloncesto.

¿De verdad alguien cree que a Gómez Noya no le dieron el Príncipe(sa) de Asturias por su menor mérito deportivo? No, no se lo dieron porque simplemente no generaría tanta repercusión mediática como los hermanos Gasol, sin restarles ningún mérito a ellos. Y de eso va el juego, no del valor ni la meritocracia, sino de otro tipo de intereses que a veces pueden resultar invisibles. En este caso, este premio no deja de ser una herramienta más del plan de comunicación para restañar la imagen de la monarquía española. Hagamos que tenga el mayor impacto posible, será la consigna.

No obstante, el día en que, por algún motivo, las elites financieras y políticas (que es lo mismo que decir mediáticas pues todo se confunde ya) se lancen al triatlón, como ocurrió en su día con la Fórmula 1 con la llegada de Alonso, la cobertura mediática cambiará. No nos engañemos. No depende de que el triatlón sea olímpico o sprint. No depende de si es televisivo o no. La Fórmula 1 también tiene una duración prolongada. Simplemente, hay que saber venderlo. ¿Qué pasaría si los triatletas llevasen en su casco una cámara? ¿O si se hiciesen entrevistas en directo a los entrenadores? ¿Una buena previa? ¿Competición por equipos privados en vez de selecciones? Para todo ello hace falta un ingrediente fundamental: dinero. ¿Pero por qué no llega ese dinero entonces?

Por la gestión que se hace y porque el triatlón, o mejor dicho, los triatletas no pueden ser mediáticos. Y no hay que sufrir por ello, aunque te encante el triatlón. Esto no lo hace ni mejor ni peor, pero no es atractivo para los medios de comunicación. Sus protagonistas, como Gómez Noya, son “aburridos”. Se pasan el día entrenando. No dan juego… porque no lo pueden dar, o de lo contrario dejarían de ser los protagonistas de este deporte. Un buen ejemplo es lo que le sucede muchas veces a los campeones de Kona, que fracasan al año siguiente a su victoria por la interferencia negativa que causan demasiados compromisos publicitarios y de otra índole. Y aquellos que son mediáticos en este deporte, como Josef Ajram, no se dedican a la competición sino a los retos y a vender inspiración, que es diferente a ganar carreras del máximo nivel mundial.

La exigencia del alto nivel es tal que no permite ni un solo fallo. Mucho menos para lograr lo que Gómez Noya ha conseguido en la última década. Si se hubiese relajado lo más mínimo, le habrían pasado por encima enseguida. Él lo sabe. “Lo que he hecho hasta ahora no me sirve de nada para volver a quedar campeón del mundo”, dijo Gómez Noya al inicio de esta temporada. Un campeón de triatlón no puede ser sino humilde, por mucha ambición que atesore. El exceso de confianza aleja los resultados. Eso no tiene chicha periodística. Las bravuconadas, sí.

En definitiva, un Gómez Noya, como le dijo el gallego a de la Morena, tiene que “vivir las 24 horas para el deporte, tener pocas distracciones y centrar todas sus energías en lo que hace”. No queda tiempo para atender a la prensa, para emborracharse o dedicarse a salir con personajes del corazón y que los medios se hagan eco de la noticia, si lo que quieres es ser mejor del mundo o conseguir una medalla olímpica. Por no quedar, no queda tiempo (por fortuna) para doparse. La mayor parte del año se resume en la vida del bebé deportivo: comer-entrenar-dormir.

Y ese deporte es el triatlón, que solo brota de la pasión más honesta que genera en cada uno, de la sensación adictiva de la mejora, el esfuerzo, la superación y todo aquello que aleja y difumina los límites inalcanzables de cada persona. Así son los mejores triatletas. Gente apasionada de la competición, del entrenamiento, que aman lo que hacen y que no buscan ninguna gloria ni repercusión sino vencerse a sí mismos, lograr sus anhelos. Quién lo practica, lo sabe.

Vincent Luis, tercero del mundial 2015, respondía con contundencia a un periodista que le entrevistaba después de conseguir su clasificación para los JJ.OO. de Rio.

- El triatlón no es un deporte muy mediático. ¿Tiene envidia de otros deportes?

- Yo nunca he hecho triatlón para ser reconocido. Yo siempre lo hecho porque me gusta.

En una sociedad que mide el éxito por el reconocimiento de los medios es normal que se genere en nosotros una cierta sensación de fracaso e injusticia cuando no se valora la (enésima) hazaña deportiva de Gómez Noya. Sin embargo, la presencia en los medios, que viene marcada por criterios diferentes, no tiene nada que ver con el valor real de lo conseguido. Pero da rabia, sí, mucha.

Afortunadamente, el triatlón, como dijo Murakami, todavía es una de aquellas “cosas verdaderamente valiosas que sólo se consiguen mediante tareas y actividades de escasa utilidad”, en este caso para los medios de comunicación. No sufras. Disfruta de este deporte tal y como es.