Lisa Nordén: un nuevo equilibrio

La campeona del mundo y plata olímpica nos cuenta cómo sintió que necesitaba un cambio para poder seguir rindiendo a ese nivel sin sacrificar su vida personal por completo

Por Alberto Trillo | Fotos: Catarina Axelsson


El gemelo se desgarró. Lo sintió. Pero solo faltaban pocos metros sobre la alfombra azul para coronarse, por primera vez, campeona del mundo. Cruzaba la meta en cuarta posición y sumaba los puntos necesarios para cerrar un 2012 de ensueño (deportivo) con la plata olímpica. Lisa supo en ese mismo momento que se trataba de un punto y aparte en su vida.

Detrás de las sonrisas para los flashes, “sentí que ya no podía seguir viviendo así. Lo único que quería al cruzar la meta en Auckland era volver a casa,” reconoce con sinceridad Lisa al otro lado del teléfono, desde Gold Coast (Australia).

Sentí que ya no podía seguir viviendo así. Lo único que quería al cruzar la meta en Auckland era volver a casa

Desde 2007, había estado viviendo en una maleta, de aquí para allá, sin tener un lugar al que volver en Suecia. “Mi vida eran las concentraciones”. Se había unido al prestigioso grupo de entrenamiento de Darren Smith y los resultados no se hicieron esperar. Un mes y medio más tarde se proclamaba campeona del mundo sub-23 en Hamburgo.

A este éxito siguieron tres años más sin bajarse del podio de las Series Mundiales y…sin hogar. “Esto está bien cuando empiezas tu carrera, eres joven y te embarcas en una gran aventura, en ese momento es algo fantástico.” Vívía en Australia hasta marzo y en Europa hasta terminar la temporada. Esa era la rutina anual.

En este tiempo, Darren decidía qué era lo mejor para el rendimiento y volver a Estocolmo no era una opción. Lisa era consciente de que no tenía las condiciones para hacerlo sin sacrificar el entrenamiento. Poco a poco, iba sintiendo que esa vida no le llenaba.

“Cuando ganas y hay champagne en el podio, la gente se acerca, quiere cosas de ti, todo es muy bonito. Sin embargo, cuando llegan los momentos difíciles, todo se desvanece. Sigues viviendo en una maleta y no tienes nadie al lado que te diga que eres una buena persona, entonces, sientes que tu vida está vacía.” El triatlón se había apoderado de su vida. Para lograr rendir a ese nivel, nada más tenía cabida.

Sin embargo, “no quería ver pasar otro ciclo olímpico sin tener amigos o una vida fuera del deporte, sin tener una máquina de café, un armario, unas llaves o una puerta de casa en algún sitio.” Pero el momento no había llegado todavía.

Meses antes de la final en Auckland, había llegado la medalla olímpica, tras unos meses de mucho estrés. “2012 fue un año tremendamente exigente, con un montón de presión y de lesiones que me forzaron a tener la peor preparación posible hasta dos meses antes de los Juegos.”

Otro camino

Tras hablar con Darren, decidieron que un cambio sería lo más sano. Lisa abandonó el grupo de entrenamiento y decidió dedicar 2013 a probar las carreras sin drafting y la media distancia mientras montaba una nueva vida.

No se trataba de tomarse un año más tranquilo o más fácil, sino de coger aire, respirar y construir una nueva vida, con nuevas motivaciones

No se trataba de tomarse un año más tranquilo o más fácil, sino de coger aire, respirar y construir una nueva vida, con nuevas motivaciones. Eso sería lo más importante de ese año. Construir un entorno óptimo en Estocolmo al que poder volver siempre: “Veía a los Brownlee o a Helen Jenkins que tienen o han creado esas condiciones óptimas para entrenar en casa. Yo sentí que también lo necesitaba”.

Lisa comenzó un proceso largo que se gestó a base de “prueba y error” para desarrollar este entorno. “Al principio, hubo demasiada gente que quiso ayudarme y demasiadas puertas que se abrieron”, lo que dificultó el proceso. Esto, unido al agotamiento físico y mental que le había infligido 2012, la llevó a apartarse un poco de la competición de forma inconsciente. Su cuerpo le pedía tregua. Ella no quería escuchar.

Dos años de lucha

Las lesiones no tardaron en aparecer en 2013. “Había forzado mucho mi cuerpo durante todo el año [2012] y tenía que haberme permitido más descanso para recuperar”. Y el año se fue complicando al competir lesionada en algunas pruebas para clasificarse para Hy Vee y Vegas, que representarían su ambición renovada en 2013. Lisa seguía forzando la máquina y su cuerpo protestaba: una fascitis plantar muy molesta no daba tregua.

Pero para ser competitiva y buscar una nueva medalla en Rio, hacía falta algo más que quedarse solo en Estocolmo. Pasó tres meses en Boulder, Colorado (Estados Unidos), para aprender de los consejos del tres veces campeón del mundo Ironman, Craig Alexander, aunque también entrenando mucho por su cuenta.  En ese tiempo se dio cuenta de que “tenía que volver a estar en las carreras, y de que necesitaba compañeros de entrenamiento.”

Tras ver los buenos resultados de las chicas de Darren en la final de Londres, Lisa pensó que había que volver al grupo “pero no exactamente de la misma manera”. Esta vez sería sin necesidad de vaciar su vida a cambio del rendimiento.

En 2014 volvió de nuevo al grupo de Darren. Su cuerpo no respondía. El equilibrio que había encontrado en su vida, había desparecido de su cuerpo. “Con lo poco que pude correr en 2013, había perdido mi fuerza de base.”

El equilibrio que había encontrado en su vida, había desaparecido de su cuerpo

Cada vez que estaba a punto de volver a ser competitiva, aparecía un nuevo contratiempo.  Antes de Ciudad del Cabo, tuvo que ser hospitalizada durante una semana por una infección vírica en la raíz de un nervio que afectó a su movilidad de brazos y manos. Poco antes de Estocolmo, tuvo una fractura de estrés.

“Entras en una espiral negativa de la que es muy difícil salir, una lesión lleva a la otra”. En el deporte de la búsqueda infinita del equilibrio, cuando un naipe se cae del castillo, resulta difícil mantener en pie la estructura sin que otros se vengan abajo. “Además, tu confianza se ve mermada y te preguntas cómo volver a ser la misma de antes”.

La luz

Al menos, durante este tiempo, había sido capaz de construir ese lugar al que poder llamar casa. “Ya tengo siempre una llave en mi bolso”. Hasta un restaurante se ofreció a patrocinarla y se encarga de cocinarle cuando está en Estocolmo. Con 30 años y una pareja, se acabó el volver a la habitación libre en casa de su madre.

Después de dos años difíciles, casi en blanco, con otra estructura en su vida, Lisa ha vuelto a competir y dar muestras de su nivel, sobre todo en el agua y en bici. Comenzó 2015 con unas copas continentales en Nueva Zelanda a principios de este año, después de haber estado concentrada en San Diego con el grupo de Darren.

Esos puntos le permitieron estar en Abu Dhabi, donde finalizó 21ª. Pudo haber hecho “un top 5 o top 10” si no hubiese corrido con un Aquiles inflamado, que también ha mermado su preparación para Auckland, donde todavía no se sabe si estará en el pontón de salida. “A estas alturas ya no puedo permitirme arriesgar y que esto retrase la preparación de la carrera a pie dos o tres semanas más”.

Después de las pruebas oceánicas, volverá a su base de Estocolmo, a su casa, desde donde afrontará las próximas pruebas en el camino hacia una nueva medalla en Rio 2016. Su impaciencia es máxima para que llegue “ese día en el que ya me he entrenado lo suficiente como para hacerme justicia a mí misma en la carrera a pie.”

 

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