El alivio de Tamara

Tamara Gómez vuelve a los entrenamientos tras superar una fractura de vértebra que le apartó de la lucha por los JJ.OO. de Río

Por Alberto Trillo | Fotos: cedidas por Támara Gómez, ITU – Delly Carr

“No podía pedalear, no podía poner el pie en el suelo. Me tuvo que bajar él de la bici”. Ese momento marcó un punto y aparte. Había que buscar una solución distinta.

Hasta llegar ahí, Tamara Gómez había recorrido un camino tortuoso. “Es una historia muy larga. En realidad no sé por qué me pasó. Porque yo la única explicación que encuentro es un golpe que me di antes de noviembre, al que no le di importancia”. Así comienza su relato Tamara para contar unos meses de frustración, dolor e incertidumbre. “Tres semanas después, tenía unas molestias en la zona. Pensé que sería una contractura, pero no le hice caso”.  Las molestias dieron paso al dolor, y en la concentración en Fuerteventura le diagnosticaron una pequeña protusión en L5 S1. “A mí donde me dolía era más arriba”.  Tamara se sentía contrariada entre sus sentimientos y los diagnósticos que recibía. Con reticencia, los aceptaba y seguía entrenando.

Tratamiento y dolor

En febrero, después de la concentración en Playitas con el grupo de Gómez Noya, pasó por Madrid para ver a un médico que le consignó un tratamiento para la protusión que le habían diagnosticado. De ahí se fue concentrada a Sudáfrica, donde pasaban los días y la exigencia del entrenamiento aumentaba, pero los síntomas no hacían sino agravarse. Tamara vio que el tratamiento no surtía ningún efecto. “De hecho, estaba peor. Al final era dolor todos los días, tenía molestias en todos los entrenamientos, sobre todo en bici. Había días que salía y no me podía poner de pie. Y luego se me calentaba un poco y ya podía hacer todo normal”.

El dolor se había convertido en su compañero inseparable de cada entrenamiento, de cada momento, de cada día, pegado a ella, contradiciendo con firmeza la palabra de los médicos. La disonancia entre el tratamiento inerte y el dolor omnipresente le resultaba estridente y saturaba de dudas su cabeza a medida que el inicio de temporada se acercaba.

Punto de (no) retorno

“Acabé el entrenamiento llorando” Eran unas series fuertes en la piscina. “Le dije a Charlie [su entrenador]: voy a parar”.

El jueves de la semana antes de la Serie Mundial de Abu Dhabi, Tamara se concedió su primer respiro. “Acabé el entrenamiento llorando” Eran unas series fuertes en la piscina. “Le dije a Charlie [su entrenador]: voy a parar”. Paró dos días. Tras ese breve descanso “me encontraba mejor pero andando me molestaba más que de costumbre”.

El sábado salió con Chente Hernández, su pareja, para hacer un rodaje suave en bici. “A las tres pedaladas, sentí un dolor exagerado”.

-          ¿Nos damos la vuelta? – le propuso Chente.

-          No, no, podemos seguir, tranquilo - respondió Tamara para justo a continuación rendirse a la evidencia de su incapacidad.

Chente le ayudó a bajar de la bici. El diagnóstico no se correspondía con la realidad. Ese momento límite confirmó sus sospechas de que no era solo una protusión. Había que buscar otra solución. “Era un dolor que no se me irradiaba hacia ningún sitio, muy profundo y punzante”. Así que vuelta inmediatamente al hospital, a hacer pruebas… mientras la idea de los Juegos Olímpicos se desvanecía. Una nueva radiografía no ofreció ninguna novedad.

Sumida en la desesperación, Tamara buscó a un especialista en Ciudad del Cabo, que le recomendó una infiltración. Mientras Tamara entraba a hacer la prueba, Chente volaba preocupado a Abu Dhabi, sin saber qué le pasaba a Tamara. “Creo que sí que le afectó a su rendimiento.”

Alivio

La colocaron en una posición que le provocaba un dolor insoportable, la misma en la que no habían querido forzarla la anterior ocasión. Náufraga del dolor, Tamara vio un atisbo de compresión a su calvario enigmático mientras le hacían la prueba. “En la pantallita se veía una raja en la vértebra”. Le repitieron la resonancia y el escáner, pero seguía sin verse nada. El doctor consultó a un cirujano espinal que le confirmó que era una fractura en la vértebra L2. Entre el ‘hola al diagnóstico definitivo’ y el ‘adiós a los Juegos’, Tamara sintió un cierto alivio al confirmar sus sospechas.

“Me fastidió bastante por el año que es, pero…”. Al menos ponía punto y final a unos meses de “incomodidad y frustración” en los que ni siquiera “podía hacer vida normal sin tener dolor”.

Al menos ponía punto y final a unos meses de “incomodidad y frustración” en los que ni siquiera “podía hacer vida normal sin tener dolor”.

Al igual que otros grandes triatletas como Gómez Noya o Iván Raña, Tamara ya conoce el sentimiento de que se te escapen los Juegos. “Al principio fue un poco shock. No asimilé bien todo lo que me podía perder. Fue duro cuando me lo dijeron pero dije, ya está, ya me recuperaré. Luego viajé a Australia [como tenía previsto], y una vez que estás allí metido… es más difícil llevarlo bien. En ese momento me di cuenta de lo que me estaba perdiendo”.

Ni siquiera pudo disfrutar demasiado su tiempo en las antípodas, “lo único que aproveché es para aprender inglés”. Chente le ayudó. “Intentábamos no hablar mucho de triatlón y despejarnos”. Tamara relativizaba; al menos lo que le había pasado había sido por hacer lo que le gusta, y su carrera deportiva no se acaba en 2016. “De estas cosas sales más fuerte. A todo el mundo le han pasado cosas”.

Aprendizaje

El varapalo le ha brindado una lección importante para su vida deportiva: hay que escuchar al cuerpo. “He aprendido a que cuando me pase algo, es mejor parar, ir a médicos y tener un diagnóstico claro hasta que yo me quede convencida y no hacer caso a lo primero que te digan”.

Y otra lección fundamental: los suyos no le fallaron. Aunque dice ser consciente de haber “desaparecido”, y  que “los demás también desaparecen de alguna manera”, se ha dado cuenta de esa  “gente que está contigo de verdad, no solo porque seas triatleta”.

Ahora solo queda volver a los entrenamientos y pasar el mal trago de Río…

“Me va a dar rabia. Tengo asumido que no voy a estar allí. Tengo ganas de ver la carrera porque me hace ilusión por Carol, Miriam y Ainhoa¨.

…para fijar la vista hacia el este: Tokio 2020. “Estoy súper motivada, no me quita el sueño todavía pero quiero estar allí y tengo un montón de ganas de volver a competir”.

A punto de regresar a los entrenamientos, Tamara se encuentra “muchísimo mejor”. “Ya me muevo como una persona normal. Ahora empezaré poco a poco en el aquagym, con las abuelitas”. Tamara se ríe para volver a suspirar aliviada. Triste por unos Juegos que se escaparon y feliz por retomar su pasión.